viernes, 1 de abril de 2016

Pongamos echos

Hay dolor, o hay odio. Era demasiada confianza la que yo tenía, demasiado querer lo que yo tenía. Era algo que siempre estaba ahí, y que acompañaba, apoyaba, todo. Y de pronto... cambió. Fue todo lo contrario en lo que se convirtió.
Algo que nunca había visto, algo que no creía que existía.

Ahora extraño, pero no quiero volver. Cuando estoy fuerte, sueño, y me vuelvo a caer. Es algo extraño, un sentimiento raro. Echar de menos aquello, pero que el odio te coma por dentro.

Y si, ahora veo, miro, con sólo ver. El odio... ese temor de antes ahora convertido en odio cuando pasa de nuevo... o es algo parecido. No sólo fue traición, están las palabras. Aquellas palabras de aquellas personas a las que adoraba tanto,  a las que quería tanto. Los vía y alguna tristeza por alguna tontería se iba. Ahora miro y... no se yo ni porque. Pero en mis ojos aparece odio. Me pregunto el por qué, pero por otra parte sé algo de verdad. Sé el que dijeron, todo, y de ellos... no me esperaba nada de eso, y de esa manera. Solo algo corto, nada más.  ¿Pero aquello? Mi defensa es odio ahora mismo, pues lo pasado de pequeña, el recurso es este ahora.

El cómo era yo... pues todos lo sabían.
Lo que había pasado yo... todos lo sabían.
Sabían todo de mi, que siempre estaba ahí.

Mis errores los tengo, mis fallos también, pero eso que ocurrió... no tiene nombre pues... lo dicho,  ya mi dolor es odio.
Todo es complicado. Y el qué hago no sé.

Digamos que puedo retroceder en el tiempo. Pararía el principio, aquel día,  ya lo recuerdo.
Pongamos que retrocedo de nuevo. Y poco a poco me pueda acostumbrar, separar.
Pongamos que retrocedo de nuevo y lo puedo evitar.

La vida me enseñó el no creer, ni confiar. Todo pasa y la gente cambia. Se sabe cuando se vive, no cuando se ve de lejos. Ahora no vamos por buen sentimiento.
Pero sé que voy a seguir contra todo, y no me voy a rendir, porque yo, soy feliz.

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